De la naturaleza de las palabras (I): Genocidio
Con la imagen de Carrillo investido Doctor Honoris Causa por la UAM aún en la retina, pasamos a hacer unas pequeñas consideraciones sobre el concepto "genocidio".
Fue ésta una de las palabras, además de "asesino", que se pudieron oír en el merecido recibimiento que le brindaron unos cuantos a su llegada a la universidad. Lástima que toda la atención la acaparase un grupo perteneciente a otra variante más del socialismo, dejando en un segundo plano a aquellos que tenían razones personales para sentirse indignados por tan esperpéntico espectáculo.
El caso es que no creo que sea del todo correcto tachar a tan despreciable personaje de "genocida".
Con esta palabra está sucediendo lo mismo que ya ocurrió con "fascista", que por utilizarse de manera abusiva está perdiendo su significado específico.
Es muy común en buena parte del discurso de "la izquierda" el uso generalizado del término "fascista" para referirse a todo aquello que no entra dentro de su esfera política.
Fascista es quien defiende la Constitución, fascista es quien pide el cumplimiento íntegro de las penas para los terroristas, fascista es quien se opone al protocolo de Kyoto, quien defiende a Israel frente a las agresiones de los grupos terroristas palestinos... y lo que ocurre cuando algo se aplica a todo es que su significado original queda diluido. En este caso, el régimen fascista de Mussolini.
Tal vez estemos acudiendo a un proceso similar con el término que nos ocupa.
Y aquí, las consecuencias serían aún más terribles.
Porque llamar fascistas a Mussolini y Franco, y en general a cualquier otro dictador "de derechas", puede ser más o menos riguroso, más o menos correcto, pero no dejan de presentar bastantes puntos en común entre ellos.
En rigor, podremos seguir diciendo, Franco no fue fascista. Y esto, para quien no esté cegado por el "fulgurante brillo" de una ideología, no significa nada más que una precisión terminológica obvia.
En cualquier caso, el impacto de esta generalización, si nos olvidamos del uso infantil que le dan tantos progres sin argumentos para combatir el "perverso neoliberalismo", no es demasiado estridente.
Pero si finalmente se acepta el término "genocida" para referirse a las matanzas perpetradas por razones políticas, además de las consabidas de religión, nacionalidad o raza, el significado histórico de un Hitler o de un Pol Pot, las implicaciones filosóficas de sus regímenes, quedarán reducidas al nivel de un Pinochet o un Franco.
Y vayamos a una de las causas de esta confusión.
Si nos fijamos en el DRAE, o incluso en el diccionario María Moliner, vemos que genocidio es el "exterminio sistemático de un grupo social por motivos de raza, de religión o políticos" (Moliner)
Esta definición no coincide con la que se da en el Derecho Internacional, que es la que se recoge en la citada Convención de la ONU.
Y es que el alcance de estos diccionarios generalistas es limitado. Lo mismo ocurre con otras palabras como "esencia", "filosofía" o "mente", que encierran una complejidad que estos diccionarios no puede abarcar.
En cambio, el análisis etimológico del término nos dice que la palabra proviene de la conocida raíz latina "caedere" -abatir, matar-, y del griego "genos", que significa "tribu", "familia" o "linaje".
Por tanto, las cuestiones de raza, nacionalidad o incluso de religión, están incluidas en "genos", pero no las razones políticas -nadie nace anarquista, comunista o liberal.
Al menos si no incluimos un matiz, que lo haremos, pero más adelante.
El caso más importante de genocidio en la historia fue el Holocausto.
No en vano fue después de los juicios de Nuremberg cuando la ONU redactó la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio.
Otros casos de genocidio en la historia los encontramos aquí.
El Holocausto, el ejemplo paradigmático de genocidio, necesitaba un nombre propio, algo que distinguiese la inmensa maldad del nacionalsocialismo de otras matanzas cometidas a lo largo de la Historia.
A ello se dedicó Rafael Lemkin, creador de la palabra que nos ocupa.
En su definición no entra tampoco ninguna alusión a cuestiones políticas.
Y es que si aceptásemos como genocidio el asesinato masivo por cuestiones políticas, además de olvidarnos del significado etimológico del término, estaríamos diciendo que cualquier matanza perpetrada por un gobierno, cualquier revolución sangrienta, cualquier guerra, incluso, podría ser catalogada como tal.
Recordemos la definición:
En la presente Convención, se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpretados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal.
Y, francamente, creo que el Holocausto no es equiparable a las matanzas de Paracuellos. Sin que esto signifique una justificación de tales atrocidades.
Pero es precisamente esta relativización del Holocausto lo que se conseguiría si aceptásemos "genocidio" en su significado menos concreto.
Finalmente, los negacionistas habrían triunfado de un modo indirecto, al diluir las implicaciones del nazismo entre el maremagnum de matanzas de la historia.
Si genocida fue Carrillo, si genocida fue Franco, si genocida, incluso, parecen haber sido Sharon, Bush y Aznar... ¿qué importancia específica tiene Hitler en la Historia?
¿El número de muertos? ¿La sistematización y planificación de la masacre?
No, no es esto lo que diferencia a Hitler de otros dictadores. Es el asesinato masivo planificado de un conjunto de personas por cuestiones de nacimiento.
Es el hecho de que el asesinato de estas personas fue un fin en sí mismo, y no un medio para conseguir algo -sofocar una rebelión, apropiarse de un territorio, etc.
Es el hecho, en fin, de que la causa de que estas personas fueran asesinadas se debió a su mera existencia.
Algo que nada tiene que ver ni con Paracuellos, ni con la represión de postguerra.
Así que tenemos otra cirunstancia que no viene del todo explicitada en la definición de la ONU.
Se trata de un asesinato que es un fin en sí mismo. Por tanto, donde dice "con la intención de destruir", debería decir "con la única intención de destruir".
Ahora bien, tal vez sea éste un matiz innecesario y problemático, y en cualquier caso no queremos ir más allá de lo expuesto hasta ahora.
Sin embargo, como decía antes, hay otro matiz que no debemos perder de vista.
Hemos dicho que el genocidio no responde a cuestiones políticas.
¿Quedan fuera del término, por tanto, las matanzas perpetradas por regímenes comunistas contra personas que no pertenecían a otra nación, religión, o etnia?
Trataremos de dar respuesta a ello en otro post, que podremos titular: "El genocidio y el concepto de 'clase' ".


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